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Descubre la islaVilla y puerto del noroeste

Agaete y Puerto de las Nieves

En la esquina noroeste de la isla, Agaete reparte su encanto entre una villa al pie de un valle verde y un puerto de pescadores, Puerto de las Nieves, encajado bajo los acantilados de Tamadaba. Hay piscinas naturales, restaurantes de pescado sobre una playa de callaos, el café del valle, el último que se cultiva en Canarias, y el ferri rápido que cruza a Tenerife en unos 80 minutos.

Agaete y Puerto de las Nieves
Foto: Bengt Nyman from Vaxholm, Sweden · CC BY 2.0

El Dedo de Dios y los acantilados

Frente al puerto, un roque basáltico que la erosión había tallado como una mano con el índice en alto se convirtió en símbolo de la isla: el Dedo de Dios, o Roque Partido. En noviembre de 2005 el temporal de la tormenta tropical Delta derribó su parte superior, unos veinte metros, y una comisión de expertos desaconsejó reconstruirlo. Hoy lo recuerda el monumento de Pepe Dámaso a la entrada del pueblo. Detrás se levanta el macizo de Tamadaba, con el mayor pinar de Gran Canaria y una cumbre de 1.180 metros, cuyos acantilados caen en vertical al mar.

El puerto

Puerto de las Nieves es un barrio marinero con una playa de callaos y aguas tranquilas, un paseo lleno de restaurantes de pescado y la Ermita de las Nieves, del siglo XVI, levantada con el dinero de la caña de azúcar y declarada Bien de Interés Cultural; para ella se pintó el tríptico flamenco atribuido a Joos van Cleve, la gran joya del municipio. Al final del Paseo de los Poetas, en Punta Turmán, las salinas que trabajaron hasta los años sesenta son hoy tres piscinas naturales comunicadas, Las Salinas. Desde el muelle nuevo zarpan los ferris rápidos de Fred. Olsen Express a Santa Cruz de Tenerife, unos 80 minutos de travesía, con el Teide a la vista en los días claros.

La villa y el valle

Tierra adentro, la villa de Agaete guarda el Huerto de las Flores, un jardín con especies traídas de Australia, Nueva Zelanda, Malasia, Sudáfrica y Sudamérica donde el poeta Tomás Morales escribía y se reunía con Alonso Quesada y Saulo Torón; la Iglesia de la Concepción, de 1784; y el parque arqueológico del Maipés, una necrópolis prehispánica de túmulos sobre un malpaís volcánico. Valle arriba crecen naranjos, frutas tropicales y café: Agaete es la última población de Canarias que lo cultiva, de la variedad arábica Typica, en una de las pocas plantaciones registradas de Europa. Fincas como La Laja ofrecen catas.

Cuándo ir

Cualquier día del año vale para el puerto. El pueblo cambia de piel el 4 de agosto con la Bajada de la Rama, Fiesta de Interés Turístico Nacional desde 1972: desde el amanecer, miles de personas bajan bailando con ramas al ritmo de las bandas de música hasta el santuario de la Virgen de las Nieves, cuya fiesta es el día 5. El Valle celebra su propia Rama el 28 de junio.

Consejos

  • Báñate en Las Salinas solo con el mar en calma; con oleaje las piscinas dejan de ser seguras.
  • Si cruzas a Tenerife con coche, reserva el ferri con antelación.
  • Prueba el café del valle en una finca o en los bares del pueblo: se produce poco y no se encuentra en cualquier sitio.
  • El pescado del día se come en el paseo del puerto; la cofradía de pescadores también sirve.
  • Combínalo con el Roque Nublo en un día completo en coche por la cumbre: es la ruta «La Isla Salvaje».

Cerca de aquí

  • Roque Nublo
    Foto: Basotxerri · CC BY-SA 4.0

    Monumento natural

    Roque Nublo

    En el centro geográfico de Gran Canaria, a más de 1.800 metros, un monolito volcánico de unos 80 metros se levanta sobre una meseta de piedra. El Roque Nublo es el símbolo de la isla y la excursión corta más memorable que puedes hacer desde la costa: pinar, escalones de piedra y, en los días claros, el Teide al fondo.

  • Teror
    Foto: Gerda Arendt · CC BY-SA 4.0

    Villa de la patrona

    Teror

    A 543 metros, en las medianías del norte, Teror es el corazón religioso de Gran Canaria: aquí están la Basílica de Nuestra Señora del Pino, patrona de la isla, y la Calle Real de la Plaza, una fila de casonas con balcones canarios, los más antiguos de madera de tea. Los domingos el casco se llena con un mercadillo de dos siglos: chorizo, morcilla dulce, quesos y pan.

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Fuentes